lunes, 13 de octubre de 2008

El gánster


Pocha, después de tanto tiempo, parecía saber cuando Néstor le iba a pegar: él se le acercaba despacio, mientras se sacaba el cinturón. Pero a los setenta y seis años, la agilidad no era la misma: hoy cuando Pocha llegó del almacén media hora tarde y sin la grapa, Néstor le arrojó lo que tenía más a mano: el teléfono inalámbrico. Ella pudo esquivarlo pero el teléfono, fue a dar justo a la caja de zapatos donde vivía el hámster de su nieta.

—No hay nada que hacer—dijo Néstor mientras miraba el interior de la caja—mejor así porque este gánster sólo nos traía gastos.

— ¿Y ahora que hacemos?—dijo Pocha— El bicho era de la Paulita ¿Qué le vamos a decir a la Paulita cuando venga?

Pobre bruta—murmuró Néstor y puso la pava al fuego. Cuando tuvo preparado el mate, hizo sentar a Pocha frente a él y le explicó el plan:

—Ahora me ponés al occiso en una bolsita que lo voy a llevar a la casa del cabo Benítez, ese infeliz tiene fondo para enterrarlo y no va a preguntar nada. Vos limpiá bien el inalámbrico y el piso, tirá la caja a la basura y no hables con nadie del tema ¿Me entendiste bien?

—Afirmativo—respondió asustada—pero ¿Qué hacemos con Paulita?

—Eso pensalo vos acordate que esto fue por tu culpa.

Néstor agarró la bolsita con el hámster y se fue. Pocha lloraba mientras limpiaba el teléfono:

—Paulita no va a querer venir más—repetía en voz baja.

Pasó una semana, el tema no se había vuelto a tocar hasta que Pocha, volvió de la verdulería con novedades:

—Néstor ¿A qué no sabés? Hace unos días, la Esther le mandó una carta a la Reina de Holanda, viste que siempre dice que son medio parientes pero yo no le creo.

— Y a mi qué carajo me importa—dijo Néstor mientras le daba golpes al televisor—esta porquería la voy a tirar en cualquier momento.

—Dejame que te cuente—dijo Pocha—la cosa es que la Reina, esta vez, le contestó y le mandó una canasta llena de tulipanes. No sabés que lindos tulipanes. Y a mi se me ocurrió escribirle también ¿Qué te parece?

— Se ve que a veces te funciona el cerebro, Pocha. Vamos a escribirle a la mina esa pero en vez de esos tulipanes de mierda, le vamos a pedir una tele nueva.

—Yo pensaba en un hámster—dijo Pocha y cerraba los ojos con fuerza por si se precipitaba la paliza.

Néstor pareció sorprendido y le preguntó a Pocha si le gustaba que le pegaran, porque él a la Reina de Holanda le iba a pedir una tele ¿Para qué querían otro gángster?

—Para limpiar nuestra conciencia—le respondió Pocha—aparte los holandeses son vivos, van a mandar un hámster más inteligente que el que teníamos y la Paulita va a estar contenta.

Néstor lo pensó unos minutos, mientras continuaba golpeando el televisor, y aceptó:

—Está bien pero por las dudas vamos a poner que somos parientes de ella. Si la Esther les metió semejante verso nosotros también.

Unos días después de enviada la carta, en el buzón del matrimonio apareció un sobre naranja con bordes dorados. Pocha no quiso abrirlo, esperó a que Néstor volviera del billar y se lo dio. Néstor leyó la carta en voz alta:

Estimados Súbditos de otras tierras: ¿Qué pasó con el hámster que tenían? Atentamente, La Reina de Holanda. P.D.: ¿Ustedes son parientes míos por parte de quien? Porque el único familiar que tengo en vuestro país es mi prima, la plebeya pero adorada: Esther.

—Pocha, vos estuviste hablando—dijo Néstor mientras arrugaba la carta.

—Te lo juro que no. No hablé ni con la Esther ni con nadie. Yo llevé la carta derechito a la embajada como me indicaste.

—Ya vamos a hablar yo y vos más tarde—dijo Néstor furioso y se sentó junto con Pocha a escribir una nueva carta:

Estimada Reina de Holanda: el gánster que teníamos, fue sustraído de ésta vivienda por el Cabo Benítez, de la seccional quinta. Y de paso le cuento que su prima no riega los tulipanes, lo hacemos nosotros porque sino se le van a morir en cualquier momento.

P.D.: Somos primos lejanos, muy lejanos.

—No te puedo creer—dijo Pocha nerviosa—Acusar al Cabo Benítez, un compañero de la fuerza y a la Esther, vecina de toda la vida.

—Ya te dije que Benítez es un infeliz y la otra, flor de chusma es. Ahora meté la carta en el sobre naranja ese, así no gastamos, despachala y de paso, comprame un tinto.

Muchos tintos pasaron hasta que una mañana el cartero volvió y les dejó un paquete. Cuando lo abrieron encontraron el cadáver del hámster asesinado.

Pocha se quedó inmóvil, Néstor no pudo pensar demasiado porque golpearon la puerta. Miró por la rendija:

—Es Benítez con la Esther—dijo Néstor que sudaba como nunca—no sabés las caras de culo que traen. La Esther tiene el sobre naranja. Cómo carajo tienen el sobre naranja

Pocha se puso a llorar. Los golpes a la puerta seguían cuando sonó el teléfono. Ella levantó el tubo con preocupación y preguntó quien era:

—Es Paulita, dice que llega hoy—le dijo a Néstor y cortó.

4 comentarios:

Ojaral dijo...

Un caso evidente de teléfono fácil. Yo que Paulita hago la denuncia ante la Correpi. Lo que me apena es que seguro que la Pocha la va a ligar de nuevo.
Saludos.

P.D.: gracias a la bruja por el enlace.

Analía dijo...

Creo que Néstor ahora va a tomar más en serio al Cabo Benitez y los contactos internacionles de la Ester, y quizás se la agarre menos con Pocha...pero no te lo puedo asegurar.
Gracias por tu comentario en este blog que aún huele a pintura fresca, y tiene a los albañiles dando vuelta (esta gente no termina más!)
Un beso!

Bruja dijo...

Ojo que la Ester, flor de turra la Ester! Esas minas son tremendas. Ya lo decía yo, una tilinga de esas que van a la peluquería y se hacen las ristocráticas...

Mojarrita dijo...

Qué bueno Anaes!

Me divierten mucho tus escritos y tus hablados...

Quiero más.

Nostalgias de Fin de Siglo

Miss Mojarra