domingo, 22 de febrero de 2009

Después de las fiestas

Y cuando todo el mundo se iba
y nos quedábamos los dos
entre vasos vacíos y ceniceros sucios,

qué hermoso era saber que estabas
ahí como un remanso,
sola conmigo al borde de la noche,
y que durabas, eras más que el tiempo,

eras la que no se iba
porque una misma almohada
y una misma tibieza
iba a llamarnos otra vez
a despertar al nuevo día,
juntos, riendo, despeinados.


Julio Cortázar

martes, 17 de febrero de 2009

Otra Calle

Desde que tengo memoria, mi paseo preferido fue ir a caminar por Corrientes desde Callao hasta Libertad y meterme en las librerías.
Yo vivía en Floresta y el 5 nos dejaba bien, pero mi viejo insistía con ir en el 155 (hoy 180 "por 155"), al que había que esperar un buen rato.
No me acuerdo del nombre de muchas librerías, pero sí de Fausto. Había un bar chiquito al lado del San Martín, con una barra con bancos altos; lo recuerdo de color azul; una vez lo vimos ahí a Alfredo Alcón.
-Ese de rulos- me dijo mi viejo-es Alfredo Alcón. Es un actor muy importante.

Cuando llegábamos a una librería, me iba directo al sector infantil, y revolvía y leía. Pocas veces compraba algo, pero me acuerdo muy bien que en uno de esos paseos me regalaron "Mafalda 3", el primero que leí, y fue un viaje de ida. Y a los 14 años, más o menos, con mis ahorros me compré en Gandhi "Final del Juego". La profesora Sampelayo, con la que nunca hacíamos nada, nos había hecho leer el cuento en una clase. Y todavía tengo la imagen de Olinda con sus brazos abiertos hacia el tren, tal cual se me grabaron ese día. Me costó esperar hasta el fin de semana para leer un poco más de ese señor Cortázar. Algo me decía que iba a gustarme...

El broche de oro, el final del paseo, era comer una porción de pizza de parado en Güerrín. Creo que si no se me hubiera dado el don del gusto por la lectura, lo habría adquirido a la fuerza por este premio. Qué rico.
Gandhi y Güerrín allí están, por suerte. Pero Corrientes cambió , y sé que muchos pueden decirme que Corrientes cambió hace mucho, cuando vos ni sabías qué era un libro; esos que tuvieron discusiones interminables en La Paz. Pero creo que ni ellos imaginaron ver lo que pasa hoy: locales de ropa, de deportes, de electrodomésticos eclipsando a las dueñas legítimas de la calle. Algunas, a duras penas, se abren camino a codazos limpios entre los intrusos. Todavía estamos acá, parecen decir.

No es mi intención caer en la viejachotez de "Porque en mi época..." pero si caigo, caigo.

Y si quiero comprar ropa, me voy a un yopin o a Once.
Y si quiero una batidora, me queda acá nomás San Juan y Boedo.
Y mientras tanto, sigo haciendo mi recorrido habitual por Corrientes desde Callao hasta Libertad, metiéndome en lo que puedo, en lo que queda; porque ella nunca duerme, y si cabecea siempre la podemos sacudir un poco.

viernes, 6 de febrero de 2009

Buscando desesperadamente a Coco...

Alguien dice que sí, que pasó lo peor: se vendió a Colombraro por mucha guita. Otros, que diseñó un táper en forma de corazón para nuestra new party nacional de San Valentín.
Su madre, en la Calle de Tierra, lo extraña. Le deben cinco tápers del locro que hizo para todo el vencindario el último 25 de Mayo. Quiso contratar a otro pibe, pero le dijo que sólo recuperaba de modelo 2005 hasta la fecha y que fueran aptos para microondas. Tomatelás, le dijo la vieja.
Si alguien sabe de él, les ruego información.

Gracias