lunes, 24 de noviembre de 2008

El día que no conocí a Galeano (pero un poco sí...)


Maestro, ¿y dale que usted se mudaba a mi calle de Tierra?

Don Eduardo pasa muchas de sus tardes en el Café El Brasilero, en la Ciudad Vieja de Montevideo. Allí fui a conocerlo, hace algunos años. Caminé mucho, junto con Julio, por la ciudad:

-Leí en un montón de reportajes que va siempre a ese bar. Tiene que estar ahí.

Después de recorrer bastante, y de disfrutar de la amabilidad uruguaya (una moza me dio el teléfono de su casa "Ahí tengo el teléfono de Galeano, es muy amable; llamame esta noche y te lo paso") encontré el bar. Desde afuera se veían colgados los retratos del maestro:

-Es acá.

Entramos, muertos de calor (era enero) y le pregunté al mozo:

–¿Acá es donde viene Eduardo Galeano?

Mario, como se llamaba el mozo, me respondió con una sonrisa:

-Sí. Se fue hace diez minutos...

Me dejé caer sobre una silla, no podía creerlo. Mientras Mario comentaba que recién volvería el viernes, fecha en la que yo partía de vuelta a Buenos Aires, yo miraba mi ejemplar, viejo, rotoso de tanto subte de "El libro de los Abrazos", pensaba que me lo iba a llevar firmado.
Mario advirtió mi desilusión, y nos dijo:
-¿Quieren venir a esta mesa? Es donde se sienta siempre el Maestro.
Era un lindo gesto, que tenía más de premio que de consuelo después de de todo. Nos sentamos y pedimos café con medialunas.
No había nadie más en el bar. Mario nos hablaba desde el mostrador:
-¿Son argentinos? Yo fui varias veces a Córdoba.
Unos minutos después se sentó con nosotros:
-¿Saben que hay uruguayos que no conocen a Galeano? cada dos por tres vienen a hacerle una nota desde otro país, y algún cliente me pregunta "¿Quién es el señor"? ¡Qué verguenza!
Le conté que comencé a leerlo en la facultad; que para un cumpleaños mi vieja me había regalado los tres tomos de "Memoria del Fuego", lejos, uno de los mejores regalos. Hablamos de Uruguay, de Argentina de los escritores a los que llamamos rioplatenses para hacerlos un poco más nuestros.
-Bendetti-dijo Mario-cómo lloré cuando murió Avellaneda ¡Qué terrible! y qué buena la película que hicieron. Después nos mostró un autógrafo que decía "Para mi tocayo, con cariño".

Y así pasamos la tarde, los tres rioplatenses. Don Eduardo no estaba, pero nos había dejado algo en el aire, algo de sus pequeñas historias escritas en sus diminutas libretitas, donde cabe el universo.

(Hace unos meses cerraron el Café Brasilero, Galeano se mandó una movida enorme, que terminó con el dueño del lugar pidiéndole disculpas al Maestro y comprometiéndose a reabrirlo).




jueves, 20 de noviembre de 2008

Ensayo sobre la influencia divina en los miembros inferiores de unos pocos elegidos

(diálogo mantenido por chat durante el partido Argentina-Escocia 19-11-2008)

Sr. H- Gol de Diego
Yo-¿vos decís que poseyó a un jugador y e hizo el gol sin moverse del banco?
Sr. H- Sí. Poseyó a Maxi Rodriguez que es diestro, pero metió el gol con la zurda.
Yo- ¡No te digo yo!
Sr. H- es mentira, lo metió con la derecha.

Conclusión: el Diego, si quiere, puede depositar telepáticamente o como se le cantemente toda su zurdez en el jugador que esté más cerca del arco contrario (o en su defecto en el que se le cante).

lunes, 17 de noviembre de 2008

Y arrancó la fiesta


Y la tierra se perdió bajo la gente que bailaba, los chicos que corrían hacia la esquina donde se disponían a tirar cañitas con una botella de sidra vacía y los más grandes que revisaban los vasos de las mesas, para ver si había quedado alguno limpio donde servirse ananá fizz.

La pista invitaba: “Los Pibes”,tocaron un rejunte de rock nacional que iba a terminar con su versión “a todo punk”, como decían ellos de “Espadas y serpientes” . Nico, el vocalista, se colgó la guitarra de nuevo, alguien lo chistó desde un costado. Era Claudia. Nico largó la viola, con una sonrisa de oreja a oreja:

– ¿Me llamaste a mi? ¿Querés que hablemos?-le preguntó él-estás hermosa con esos rulos ochentosos, te parecés a las de “Las Primas”.

Claudia ya tenía mala cara, pero Nico comprendió que gracias a su comentario podía tenerla aún peor:

-Nicolás, sabés que el cierre de la fiesta lo tengo yo, te pido que termines con una balada, así me dejás al público tranqui ¿podés hacerme ese favor o es demasiado pedirte?

-Clau, vos me podés pedir lo que quieras ¿Nunca me vas a perdonar?

Claudia suspiró, se arregló el pelo y le dijo:

-Como quieras. Tenés cinco minutos porque mi show está listo.

Nico volvió al escenario arrastrando los pies, agarró la guitarra se dio vuelta y le dijo algo al resto de los miembros de la banda que pusieron caras de sorprendidos. Las luces bajaron, y la guitarra emitió acordes poco conocidos para los seguidores de “Los Pibes” (los habitantes de La Calle de Tierra, obvio). Nico se acercó al micrófono y comenzó:

No hace falta que me mires
No hace falta que lo digas
No hace falta que me expliques
cuando lloras o te ríes.
No hace falta decir
que me quiero morir a tu laaaado
Te amoooooooo

Loli, paró de levantar la mesa y me agarró de un brazo:

-decime si no le sale igual que a Lerner…yo siempre se lo digo, pero el inisiste con el pank y esas cosas, y se pone esos pantalones y la campera con el calor que hace y…

Casi no la escuchaba, la idea del clericó había prendido en más de uno; y si bien la abuela Hilda no había aparecido, toda la ensalada de frutas fue a parar a la mezcla.

Como pudimos, todos los asistentes rodeamos a la cumpleañera que estaba bailando frente a la tarima. Ella lloraba, y a cada uno nos decía:

-Gracias por venir, de verdad, no es porque esté borracha, de verdad, que linda fiesta…

Lo cierto es que los únicos sobrios eran los niños, los más chiquitos, a los que no dejaban jugar con petardos todavía: algunos miraban al escenario como diciendo “qué hammmmbre” y otros buscaban a sus padres entre las parejas que se iban armando al ritmo de la balada, para decirles “¿cuándo nos vamos?”

Cuando terminó, fue una ovación: La Bruja, Loli, el Padre Luis, las chicas del club, Homero y yo no parábamos de aplaudir, y hasta los pibes de la banda “Pisando cucarachas descalzo”, los metaleros de la Calle de Tierra al fondo, chocaron sus palmas y alguno llegó a decir, creo que el gordo Viruela, “Qué grosos son”.

Nico fue emocionado hacia Claudia. Ella lo miró con odio, le pegó flor de sopapo y siguió su camino hacia el micrófono.

-Pero si le djé al público re tranqui como quería ella…-le decía Nico al resto de la banda.

Las luces se apagaron de nuevo, y Claudia, toda Valeria y más Lynch que nunca, también cambió el orden de los temas y arrancó con “Qué ganas de no verte nunca más”. Nico, devastado, se sentó a tomar una cerveza en uno de los ángulos de la Pelopincho donde se enfriaban las bebidas.

El recital fue un éxito, y a pedido de la Bruja, Claudia cerraba el show con “La extraña dama”, las chicas estábamos como locas.

Claudia cantaba, y al llegar al verso de Mujer valoooooooor, de pronto se calló como si hubiera visto un fantasma. Todos nos dimos vuelta, y vimos llegar a la Abuela Hilda, maquillada y peinada de peluquería, con el trajecito que se había hecho para sus 85. Una diosa.

El gordo Viruela corrió hacia ella y la abrazó:

-Abuela, ¿Adónde te fuiste empilchada así? Pensé que se te habías ido a jugar al dominó con las chicas del geriátrico.

-¡Pero qué decís, nene! Me fui al programa de Galán

Nico dejó la cerveza, Claudia el micrófono, y con la Bruja y las chicas del club, sosteniéndonos entre nosotras, nos acercamos todos a ella. Hilda puso los ojos en blanco, suspiró y nos dijo:

-No. No me enganché a nadie…¡Eran todos viejos!

Y sí, nos reimos un rato largo. Lo lindo fue que cuando parecía que la fiesta terminaba, juntamos las sillas y seguimos cantando hasta que la voz se nos puso ronca.

Con las chicas del club quedamos en armar un homenaje a Cesar Banana Pueyrredón. Hilda se anota, con la condición de que no le contemos al nieto…

domingo, 9 de noviembre de 2008

Fiesta en la Calle de Tierra

El sol ya bostezaba sobre la Calle de Tierra, y me fui a comprar un naranjú al kiosco de Loli
-llegaste justo-me dijo-no tenía muchos porque tengo toda la heladera ocupada con ensalada rusa. Se viene la fiesta de la Bruja, por eso cerró temprano la peluquería, se llega a enterar que me hice la tintura sola me mata, mirá como me quedó ¿es medio naranja no? mi hijo me dice cabeza de zanahoria, ahí salió de bañarse hoy entró antes. No quedó nadie en la calle. Cuando hay fiesta es así, los chicos dejan de jugar a la pelota temprano porque hay que colgar los banderines, y poner las lucecitas, y sacar las mesas y las sillas. Parece que van a traer guitarras también, se va a poner lindo. Claudia dijo que iba a cantar, canta bien esa chica, hace todo Valeria Lynch. la abuela Hilda dijo que iba a traer ensalada de fruta, pero hace rato que no la veo, y a la verdulería no fue ¿Vos qué vas a llevar? Me imagino que no se te ocurrió hacer un matambre; eso lo hace siempre Berta, la costurera: te juro que sus matambres parecen cosidos a máquina.
-A mi me pidieron un bizcochuelo y que si podía prestar las lucecitas de mi árbol de navidad.
-y si tenés un alargue traelo, así sacamos el minicomponente a la calle, y si te sobra un ratito y me querés ayudar con la ensalada de frutas, me vendría bárbaro porque para mi que Hilda se fue al bingo; yo no le quiero decir nada a la familia, porque una queda como metida. De última, si aparece, usamos nuestra ensalada para hacer clericó. Qué rico que es el clericó.
-Yo tengo algo de fruta en casa-le dije-guardame el Naranjú, y poné el agua para el mate, vengo en cinco minutos.

Crucé hacia mi casa, el sol se despedía la Bruja salió, se paró a mitad de la calle y con leves movimientos de sus manos encendió las lucecitas escondidas entre los árboles.

No quería interrumpirla, pero cuando me vio la saludé y le dije bajito:
-Feliz cumple, Bruja...

Modernos los antiguos


Parque Patricios, donde la globalización llego hace 100 años.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Primer Tratado sobre la influencia del peronismo en la matemática del siglo XX

Yo cuando resto, y no me alcanza, le pido uno al compañero.

lunes, 3 de noviembre de 2008

Emboles

Hoy: Emboles escolares

Qué embole los cuadernos Rivadavia de 100 hojas. Uno que soñaba con empezar un cuaderno nuevo, esta vez prolijo y subrayado todo con el mismo color, y con las puntas de las hojas sin doblar; pero no: el engendro de tapa beige, orgulloso de su obesidad celulosa, renovaba su contrato de alquiler en la mochila otra vez...
Después salieron los de 200 hojas, pero yo ya no estaba en el colegio. Me voy a comprar uno para cuando decida escribir "En busca del tiempo perdido Recargado"

domingo, 2 de noviembre de 2008

Y hay más en la calle deTierra

¿Así que usted quiere vivir en la calle Saturno 2021?-me dice Homero, el filetero-¿No le gusta la calle de Tierra?
Y bueno, pensé, después de todo, no sé nada de Saturno, sólo lo hice en telgopor junto con sus amigos del Sistema Solar en primer año, y nunca más supe de él. En cambio La Tierra es mi barrio en la jungla de la Vía Láctea.
-Igual, si le gusta Saturno, le hago un cartelito para la puerta y listo-me dice señalando la vereda de enfrente- acá cada uno tiene el nombre y el número que quiera, si total en la Calle de Tierra nos conocemos todos.
Agarra un pincel, lo embebe de pintura azul, y le da los últimos retoques al cartel Lo mejor que hizo la vieja es el pibe que maneja 368.
Miro hacia la vereda de enfrente y presto más atención a las direcciones: Aguantelacadé 125, Cartulina 1638 y un descolgado Av. Del Libertador 2689.
La calle de Tierra me está gustando, ya hay Naranjú y un metegol en la puerta del kiosco. Una nena viene saltando desde la esquina, tiene las rodillas sucias y en la mano un elástico enrollado; se para frente a Homero. El la mira, y de una lata saca algunas tizas:
-Tomá, andá y pintale las paredes a tu abuela.