lunes, 17 de noviembre de 2008

Y arrancó la fiesta


Y la tierra se perdió bajo la gente que bailaba, los chicos que corrían hacia la esquina donde se disponían a tirar cañitas con una botella de sidra vacía y los más grandes que revisaban los vasos de las mesas, para ver si había quedado alguno limpio donde servirse ananá fizz.

La pista invitaba: “Los Pibes”,tocaron un rejunte de rock nacional que iba a terminar con su versión “a todo punk”, como decían ellos de “Espadas y serpientes” . Nico, el vocalista, se colgó la guitarra de nuevo, alguien lo chistó desde un costado. Era Claudia. Nico largó la viola, con una sonrisa de oreja a oreja:

– ¿Me llamaste a mi? ¿Querés que hablemos?-le preguntó él-estás hermosa con esos rulos ochentosos, te parecés a las de “Las Primas”.

Claudia ya tenía mala cara, pero Nico comprendió que gracias a su comentario podía tenerla aún peor:

-Nicolás, sabés que el cierre de la fiesta lo tengo yo, te pido que termines con una balada, así me dejás al público tranqui ¿podés hacerme ese favor o es demasiado pedirte?

-Clau, vos me podés pedir lo que quieras ¿Nunca me vas a perdonar?

Claudia suspiró, se arregló el pelo y le dijo:

-Como quieras. Tenés cinco minutos porque mi show está listo.

Nico volvió al escenario arrastrando los pies, agarró la guitarra se dio vuelta y le dijo algo al resto de los miembros de la banda que pusieron caras de sorprendidos. Las luces bajaron, y la guitarra emitió acordes poco conocidos para los seguidores de “Los Pibes” (los habitantes de La Calle de Tierra, obvio). Nico se acercó al micrófono y comenzó:

No hace falta que me mires
No hace falta que lo digas
No hace falta que me expliques
cuando lloras o te ríes.
No hace falta decir
que me quiero morir a tu laaaado
Te amoooooooo

Loli, paró de levantar la mesa y me agarró de un brazo:

-decime si no le sale igual que a Lerner…yo siempre se lo digo, pero el inisiste con el pank y esas cosas, y se pone esos pantalones y la campera con el calor que hace y…

Casi no la escuchaba, la idea del clericó había prendido en más de uno; y si bien la abuela Hilda no había aparecido, toda la ensalada de frutas fue a parar a la mezcla.

Como pudimos, todos los asistentes rodeamos a la cumpleañera que estaba bailando frente a la tarima. Ella lloraba, y a cada uno nos decía:

-Gracias por venir, de verdad, no es porque esté borracha, de verdad, que linda fiesta…

Lo cierto es que los únicos sobrios eran los niños, los más chiquitos, a los que no dejaban jugar con petardos todavía: algunos miraban al escenario como diciendo “qué hammmmbre” y otros buscaban a sus padres entre las parejas que se iban armando al ritmo de la balada, para decirles “¿cuándo nos vamos?”

Cuando terminó, fue una ovación: La Bruja, Loli, el Padre Luis, las chicas del club, Homero y yo no parábamos de aplaudir, y hasta los pibes de la banda “Pisando cucarachas descalzo”, los metaleros de la Calle de Tierra al fondo, chocaron sus palmas y alguno llegó a decir, creo que el gordo Viruela, “Qué grosos son”.

Nico fue emocionado hacia Claudia. Ella lo miró con odio, le pegó flor de sopapo y siguió su camino hacia el micrófono.

-Pero si le djé al público re tranqui como quería ella…-le decía Nico al resto de la banda.

Las luces se apagaron de nuevo, y Claudia, toda Valeria y más Lynch que nunca, también cambió el orden de los temas y arrancó con “Qué ganas de no verte nunca más”. Nico, devastado, se sentó a tomar una cerveza en uno de los ángulos de la Pelopincho donde se enfriaban las bebidas.

El recital fue un éxito, y a pedido de la Bruja, Claudia cerraba el show con “La extraña dama”, las chicas estábamos como locas.

Claudia cantaba, y al llegar al verso de Mujer valoooooooor, de pronto se calló como si hubiera visto un fantasma. Todos nos dimos vuelta, y vimos llegar a la Abuela Hilda, maquillada y peinada de peluquería, con el trajecito que se había hecho para sus 85. Una diosa.

El gordo Viruela corrió hacia ella y la abrazó:

-Abuela, ¿Adónde te fuiste empilchada así? Pensé que se te habías ido a jugar al dominó con las chicas del geriátrico.

-¡Pero qué decís, nene! Me fui al programa de Galán

Nico dejó la cerveza, Claudia el micrófono, y con la Bruja y las chicas del club, sosteniéndonos entre nosotras, nos acercamos todos a ella. Hilda puso los ojos en blanco, suspiró y nos dijo:

-No. No me enganché a nadie…¡Eran todos viejos!

Y sí, nos reimos un rato largo. Lo lindo fue que cuando parecía que la fiesta terminaba, juntamos las sillas y seguimos cantando hasta que la voz se nos puso ronca.

Con las chicas del club quedamos en armar un homenaje a Cesar Banana Pueyrredón. Hilda se anota, con la condición de que no le contemos al nieto…

5 comentarios:

Ojaral dijo...

Por qué será que cuando leo este blog se me forman hoyuelos en la cara?

Eric dijo...

Sabés que a mí me pasa lo mismo que a Ojaral?

Analía dijo...

Gracias señores! a mi los hoyuelos se me hacen con comentarios como estos!

LGS dijo...

Hola. Me mató esto: "De un grupo de tres amigas, en levante siempre iba al podio, porque quedaba tercera" Impresionante... si no te molesta, puse un link de tu blog en el mio. Si te jode, me avisás y lo saco.
Saludos!

Analía dijo...

LGS,no tengo problema, yo también lo agregué, leí por ahí "los bloggers sean unidos...", era bloggers que decía?
qué memoria la mía!
Gracias!!