lunes, 27 de octubre de 2008

En la calle de Tierra

Allí, donde estamos armando el picadito, hay escondido entre las casas un negocio chiquito: tiene cortinas plásticas donde dos nenas juegan a pasar, y dejar caer las tiras por sus espaldas.
Adentro, atravesando un patio lleno de plantas, llegás a la Pelu de la Bruja.
-Ay, nena pero mirate-me dice-tengo algo para tu blog, que me llegó recién.
-Sí, Bruja, es que comomecomplicolavida, es aún un niño, no sabe lo que quiere, salvo salir a jugar en esta calle y buscar la casa de Saturno 2021.
-bueno, vos dejamelo que con estos ruleros y un buen baño de crema te lo voy a dejar pipí-cucú. Vos mientras tanto sentate en la puerta tomate un Naranjú, y chiflame cuando pase el afilador, que tengo todas las tijeras que no me cortan nada.
-dale, ¿te traigo un Naranjú a vos?
-No, a mi traeme un chicle Bazooka, que me gusta el horóscopo.

martes, 21 de octubre de 2008

Calles

En algún lado, si me pueden informar ¿las calles tienen el nombre de algún planeta? Por ejemplo: "Los vigilantes de la panadería de Urano y Marte, son los mejores del barrio" o "el otro día nos agarramos a piñas en la placita de Neptuno y la vía, qué paliza que nos comimos".
Estoy buscando un PH, preferentemente en la dirección Saturno 2021. Apelo a vuestra buena voluntad. Gracias.

viernes, 17 de octubre de 2008

jueves, 16 de octubre de 2008

Ubicación



A veces como hoy, que me perdí en Parque Centenario, es bueno saber ubicarse:
llegué a Corrientes, me fijé para que lado iban los autos y me acordé que mi viejo me contó, que cuando murió Troilo, cambiaron la mano de Corrientes por única vez desde el Obelisco a Chacarita. Ahí supe donde parar un taxi, antes de perderme de nuevo.

Avisos Parroquiales

Este blog es de Literatura Universal; pero para ponerle un poco de onda empecé por mi (es que arrancar con los griegos está muy quemado).
Así que si usted es parte de este Universo, pase nomás y por favor consuma sanguchitos y bebidas de nuestro buffet.

Gracias

martes, 14 de octubre de 2008

Puente Pueyrredón

Me levanté y fui a pedirle el auto a mi primo, siempre se lo pedía cuando iba al bar de Solos y Solas. A la vuelta en un semáforo compré el diario. Miré la tapa mientras esperaba la luz verde y leí que habría un corte en Puente Pueyrredón. Ahí fue que se me ocurrió que un embotellamiento era el lugar ideal para conocer a una mujer.
Cuando llegué al piquete quedé desconcertado. Había pocos autos, la gente debió haber tomado por otros caminos para evitar el embotellamiento. Me quedé en el coche. Escuché música y leí el diario hasta que me dolió la cabeza de tanto estar encerrado. Después de pensarlo unos minutos decidí bajar y acercarme a los manifestantes. Eran unos cuantos hombres, lástima que las pocas mujeres que había debían ser las esposas. Estaban bien equipados: bombos, bandera y mate. Uno de ellos, hombre alto de contextura maciza, me preguntó:
— ¿Vos quién sos?
Tenía cara de pocos amigos, le respondí de manera amable:
—Francisco, mucho gusto ¿Ustedes son del Movimiento Patria y Bolas de Fraile?—les dije mientras leía una de las banderas— ¿Qué es eso? ¿Una rama del sindicato de pasteleros?
—No—me respondió— Con esa gente no tenemos nada que ver. Yo soy Juanca, el jefe.
Acepté un mate. Juanca me contó que reclamaban por el uso de crema pastelera no transgénica y artesanal. Hablaba del proceso de elaboración cuando se detuvo de golpe:
— ¿Pero vos que hacés acá? No serás rati.
— No, nunca. Yo busco una mujer.
Los otros hombres me deben haber escuchado porque se hizo un silencio. Les conté que estaba solo y de mis intentos fallidos de conocer a una mujer. Me pareció que algunos se aguantaban la risa, otros se alejaron del grupo pero llegué a oír carcajadas. Juanca mandó a dos compañeros a buscar pintura y “un buen trapo”. En menos de media hora los muchachos aparecieron con una bandera que decía “UNA MUJER PARA FRANCISCO. SIEMPRE EN LA LUCHA: MOVIMIENTO PATRIA Y BOLAS DE FRAILE”. El recurso me pareció un poco exagerado, pero Juanca dijo que la causa era más que noble y que se quedarían en el puente hasta que me fuera bien acompañado.
Ya íbamos por la enésima rueda de mate. El auto de mi primo se había convertido en el refugio de los hijos de los manifestantes. El embotellamiento no se armaba y los pocos autos que se aventuraban al puente pasaban sin problemas: los muchachos, a pesar de su espíritu combativo eran fáciles de convencer.
En un momento sentí que mi idea era un disparate. Las mujeres no aparecían y no me animaba a decirle a Juanca que me quería ir. Él parecía advertir mi desilusión, me pidió el celular para hacer un par de llamados. Los bombos no me dejaron escuchar con quien hablaba ni que decía pero era evidente que se refería a mi.
Estaba por cambiar la yerba otra vez cuando aparecieron cientos de mujeres por los dos extremos del puente: por el lado de la provincia, el Sindicato de Prostitutas de Avellaneda y desde capital, la Unión de Mujeres Públicas de Constitución. Pero lo más sorprendente fue escuchar como coreaban mi nombre.
— ¿Vos querías mujeres? ¡Ahí tenés! Elegí tranquilo, es gente amiga, lo mejor del mercado—me dijo Juanca orgulloso. No veía que los bandos estaban por enfrentarse en medio del puente. El caos estaba cerca. En una decisión de kamikaze me paré entre las meretrices representantes, que no paraban de insultarse, y grité:
—Por favor, escuchen, escuchen: yo soy Francisco.
El puente se silenció. Las mujeres dejaron de agredirse y me ofrecieron los más insólitos y completos servicios, pero las tuve que volver a interrumpir.
—Señoras, Ustedes merecen todo mi respeto pero la mujer que busco es una compañera para toda la vida. Una esposa.
Ambas jefas me miraron desilusionadas. Los chiquitos que dormían en el auto se despertaron con tanto grito. De a poco se asomaban por las ventanillas y les decían a sus madres si podían convidarles bolas de fraile a las señoras de poquita ropa.
La representante de Avellaneda llamó a una de sus chicas, una morocha muy bonita con actitud más bien tímida, y me dijo:
—Ella es Laurita, me tiene podrida con que quiere abandonar la profesión y casarse, se me enamora de los clientes, es un desastre. Si la quiere se la doy por la mitad del precio en que me la dejaron, para cubrir el vestidito que tiene ¿Vio? es nuevo. Laurita, dale, hacele una sonrisita al señor.
No sabía que decir: Juanca, Laurita, las representantes de Avellaneda y de Constitución parecían esperar mi veredicto. Por suerte sonó el celular. Mi primo estaba furioso porque los chicos le estaban usando el capó del auto para amasar. Lo había visto en la tele. El alboroto de la bandera con mi nombre y el arribo de las prostitutas habían atraído a la prensa. Le dije que yo me haría responsable de todo. Le estaba por cortar cuando, a manera de resarcimiento, me pidió que le llevara una docena de bolas de fraile que le encantaban.
Ahora sí el puente estaba lleno pero de manifestantes y curiosos que hacían cola tras una olla enorme colmada de bolas de fraile. Los muchachos las sacaban embebidas en aceite y las escurrían en una fuente cubierta de papel madera que desaparecía a los pocos segundos. Todo olía a fritura.
Todavía no había resuelto que hacer con Laurita, cuando los periodistas se abalanzaron sobre una visitante a la que no llegaba a ver bien. Tenía pelo rubio platinado y enormes anteojos. Se acercó a mí, dijo que se llamaba Marta que era artista plástica y que quería hacer la escultura de un cuerpo femenino de bolas de fraile que se llamaría “La mujer para Francisco”. Le agradecí sin saber bien porque y Juanca dio el visto bueno para comenzaran la obra.
Marta tuvo que insistir un poco pero consiguió que Laurita fuera su modelo. La hizo parar desnuda como a la Venus de Botticelli sobre un montón de bolas de fraile. Estaba roja y muy nerviosa, solo se movió para agarrar una hoja de diario y taparse lo que pudo. Los chicos, y algunos más grandes, repetían a los gritos: “Que se saque la hoja, que se saque la hoja”. Yo traté de acercarle mi saco, pero me miró y, con un gesto desafiante, dejó caer el diario y posó como una modelo profesional. Aproveché y me quedé observándola un rato, hasta que Juanca vino a buscarme, necesitaba que lo ayudara a limpiar: había crema pastelera por todas partes.
El trabajo de Marta duró varias horas. Laurita después de mucho vacilar se acercó y me preguntó si me gustaba la escultura. Mientras le alcanzaba su vestidito que había quedado en el suelo, le respondí
—Sí. Muy artístico, muy cuidado.
Estaba cansado, por suerte pude dormir en una carpa medio destartalada. El auto seguía oficiando de guardería sindical.
El sol pegaba fuerte en las nucas cuando levantamos todo para irnos. Marta tomó los últimos mates y les regaló la obra a los muchachos del Sindicato. Juanca me despidió con un abrazo y me dijo:
—La lucha debe continuar, compañero. Dentro de una semana nos encontramos acá.
Busqué un rato a Laurita en el puente pero al parecer se había marchado con las demás en la madrugada, según me dijeron los chicos mientras desocupaban el coche. Antes de irme, le pedí a Juanca el teléfono del burdel de Avellaneda.
Volví a mi casa solo, con varias docenas de bolas de fraile.
Pasaron varios meses, todas las semanas fui al puente, pero solo a matear con los amigos. La bandera la tengo colgada en casa tapando una mancha de humedad gigante, al lado de una foto autografiada por Marta y Juanca de “La Venus de Fraile”, como la bauticé.
No tuve mi embotellamiento deseado, pero la pasé bien. Hoy me animé: la llamé a Laurita y la invité a salir. Vamos a ver que pasa.

lunes, 13 de octubre de 2008

El gánster


Pocha, después de tanto tiempo, parecía saber cuando Néstor le iba a pegar: él se le acercaba despacio, mientras se sacaba el cinturón. Pero a los setenta y seis años, la agilidad no era la misma: hoy cuando Pocha llegó del almacén media hora tarde y sin la grapa, Néstor le arrojó lo que tenía más a mano: el teléfono inalámbrico. Ella pudo esquivarlo pero el teléfono, fue a dar justo a la caja de zapatos donde vivía el hámster de su nieta.

—No hay nada que hacer—dijo Néstor mientras miraba el interior de la caja—mejor así porque este gánster sólo nos traía gastos.

— ¿Y ahora que hacemos?—dijo Pocha— El bicho era de la Paulita ¿Qué le vamos a decir a la Paulita cuando venga?

Pobre bruta—murmuró Néstor y puso la pava al fuego. Cuando tuvo preparado el mate, hizo sentar a Pocha frente a él y le explicó el plan:

—Ahora me ponés al occiso en una bolsita que lo voy a llevar a la casa del cabo Benítez, ese infeliz tiene fondo para enterrarlo y no va a preguntar nada. Vos limpiá bien el inalámbrico y el piso, tirá la caja a la basura y no hables con nadie del tema ¿Me entendiste bien?

—Afirmativo—respondió asustada—pero ¿Qué hacemos con Paulita?

—Eso pensalo vos acordate que esto fue por tu culpa.

Néstor agarró la bolsita con el hámster y se fue. Pocha lloraba mientras limpiaba el teléfono:

—Paulita no va a querer venir más—repetía en voz baja.

Pasó una semana, el tema no se había vuelto a tocar hasta que Pocha, volvió de la verdulería con novedades:

—Néstor ¿A qué no sabés? Hace unos días, la Esther le mandó una carta a la Reina de Holanda, viste que siempre dice que son medio parientes pero yo no le creo.

— Y a mi qué carajo me importa—dijo Néstor mientras le daba golpes al televisor—esta porquería la voy a tirar en cualquier momento.

—Dejame que te cuente—dijo Pocha—la cosa es que la Reina, esta vez, le contestó y le mandó una canasta llena de tulipanes. No sabés que lindos tulipanes. Y a mi se me ocurrió escribirle también ¿Qué te parece?

— Se ve que a veces te funciona el cerebro, Pocha. Vamos a escribirle a la mina esa pero en vez de esos tulipanes de mierda, le vamos a pedir una tele nueva.

—Yo pensaba en un hámster—dijo Pocha y cerraba los ojos con fuerza por si se precipitaba la paliza.

Néstor pareció sorprendido y le preguntó a Pocha si le gustaba que le pegaran, porque él a la Reina de Holanda le iba a pedir una tele ¿Para qué querían otro gángster?

—Para limpiar nuestra conciencia—le respondió Pocha—aparte los holandeses son vivos, van a mandar un hámster más inteligente que el que teníamos y la Paulita va a estar contenta.

Néstor lo pensó unos minutos, mientras continuaba golpeando el televisor, y aceptó:

—Está bien pero por las dudas vamos a poner que somos parientes de ella. Si la Esther les metió semejante verso nosotros también.

Unos días después de enviada la carta, en el buzón del matrimonio apareció un sobre naranja con bordes dorados. Pocha no quiso abrirlo, esperó a que Néstor volviera del billar y se lo dio. Néstor leyó la carta en voz alta:

Estimados Súbditos de otras tierras: ¿Qué pasó con el hámster que tenían? Atentamente, La Reina de Holanda. P.D.: ¿Ustedes son parientes míos por parte de quien? Porque el único familiar que tengo en vuestro país es mi prima, la plebeya pero adorada: Esther.

—Pocha, vos estuviste hablando—dijo Néstor mientras arrugaba la carta.

—Te lo juro que no. No hablé ni con la Esther ni con nadie. Yo llevé la carta derechito a la embajada como me indicaste.

—Ya vamos a hablar yo y vos más tarde—dijo Néstor furioso y se sentó junto con Pocha a escribir una nueva carta:

Estimada Reina de Holanda: el gánster que teníamos, fue sustraído de ésta vivienda por el Cabo Benítez, de la seccional quinta. Y de paso le cuento que su prima no riega los tulipanes, lo hacemos nosotros porque sino se le van a morir en cualquier momento.

P.D.: Somos primos lejanos, muy lejanos.

—No te puedo creer—dijo Pocha nerviosa—Acusar al Cabo Benítez, un compañero de la fuerza y a la Esther, vecina de toda la vida.

—Ya te dije que Benítez es un infeliz y la otra, flor de chusma es. Ahora meté la carta en el sobre naranja ese, así no gastamos, despachala y de paso, comprame un tinto.

Muchos tintos pasaron hasta que una mañana el cartero volvió y les dejó un paquete. Cuando lo abrieron encontraron el cadáver del hámster asesinado.

Pocha se quedó inmóvil, Néstor no pudo pensar demasiado porque golpearon la puerta. Miró por la rendija:

—Es Benítez con la Esther—dijo Néstor que sudaba como nunca—no sabés las caras de culo que traen. La Esther tiene el sobre naranja. Cómo carajo tienen el sobre naranja

Pocha se puso a llorar. Los golpes a la puerta seguían cuando sonó el teléfono. Ella levantó el tubo con preocupación y preguntó quien era:

—Es Paulita, dice que llega hoy—le dijo a Néstor y cortó.

Como no tengo...

...a Mirta para que me filme, y encima tengo rulos, creo los emos se unirán por única vez a los floggers para correrme por las calles del Abasto (y pensar que tantos de esos ni saben de Luca...)Estoy con crisis profesional otra vez (sí, otra vez) no sé si quiero ser correctora literaria, quiero ser J.K Rowling, pero ya está inventada.
No quiero pensar en estas cosas, hoy que es Luningo, este lunes que parece domingo, aunque está "Telenoche"; pero en vez de ponerme a mirar a Rial, vi Zeigeist de nuevo, y en lugar de poner Cacho Castaña al mango, como me aconsejó mi amiga Doris, me puse a escuchar Pink Floyd y Radiohead.
Esta es mi carta de presentación, por lo menos por un rato; porque mañana me agarra la loca y me complico la vida con algo nuevo.