
Pues parece que los dioses bajaron a las catacumbas del subte E, y como son tan elásticos estos tipos, se metieron en el MP3 del pasajero que tenía al lado. No se cuan potentes eran los auriculares; pero los dioses por algo son dioses y no otra cosa (como por ejemplo, un tamagochi), y me gritaron fuerte, con la voz de Silvio Rodriguez:
Que me tenga cuidado el amor, que le puedo cantar su canción
Y me dieron ganas de tirar los avioncitos de Otto por todo el microcentro.
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