martes, 28 de abril de 2009

¡¡La oficina se acabó!! ¡¡La oficina se acabó!!

Martes 10 de setiembre

Fue tremendo. A las tres menos cuarto, llegó Gaizolo
de la calle y dijo en voz alta: ?Puta, qué bronca. Le
estuve jugando a la cifra uno hasta el sábado pasado, y
justo sale hoy.? Desde el fondo llegó la primera pregunta
prevista: ?¿Así que terminó en uno? ¿Te acordás de las
dos cifras??. ¿Cero uno?, fue la respuesta de mal talante.
Entonces Peña saltó desde su escritorio: ?Che, yo le jugué
al 301? y agregó en seguida, dirigiéndose a Menéndez,
que trabaja frente al ventanal: ?Dale, Menéndez, fijáte en
el pizarrón. Si salió el 301, me forré de veras?. Parece
que Menéndez dio vuelta la cabeza con toda parsimonia,
en la actitud del tipo que todavía se está frenando para
no hacerse ilusiones. Vio las grandes y claras cifras del
15.301 y quedó por un momento paralizado. Creo que
en ese instante habrá pesado todas las posibilidades y
también habrá desechado toda posible trampa. Nadie,
sino él, conocía el número. Pero el itinerario de la broma
terminaba allí. El plan establecía que, en ese momento,
todos venían en equipo a tomarle el pelo. Pero nadie
había previsto que Menéndez pegara un salto y saliera
corriendo hacia el fondo. La versión de algún testigo es
que entró sin golpear en el despacho del gerente (que en
ese momento atendía a un representante de una firma
americana), prácticamente se le tiró encima y antes de
que el otro pudiera encauzar su propio asombro, ya le
había dado un sonoro beso en la pelada. Yo, que me di
cuenta tarde de este último giro, penetré tras él en el
despacho, lo tomé de un brazo y lo saqué a la fuerza. Allí,
entre las cajas de pernos y pistones, mientras él se sacu-
día en unas carcajadas eléctricas que nunca podré olvi-
dar, le dije casi a los gritos la verdad verdadera. Me sentí
horrible haciendo eso, pero no había más remedio.
Nuca vi desmoronarse a un hombre de esa manera irreme-
diable y repentina. Se le doblaron las piernas, abrió la
boca sin poderla cerrar, y después, sólo después, se tapó
los ojos con la mano derecha. Lo senté en una silla y
entré en el despacho del gerente a explicarle el episodio,
pero el cretino no podía tolerar que el representante
americano hubiera presenciado su humillación: ?No se
fatigue explicándome una historia increíble. Ese imbécil
está despedido?.
Eso es lo horrible: está efectivamente despedido, y
además amargado para siempre. Esos cinco minutos de
frenética ilusión van a ser imborrables. Cuando los otros
supieron la noticia, fueron en delegación a la gerencia,
pero el Cangrejo es inflexible. Debe ser el día más triste,
más grosero, más deprimente de todos los muchos años
que he pasado en la oficina. Sin embargo, a última
hora, la cofradía de los crueles tuvo un gesto: en tanto
que Menéndez no encuentre otro empleo, el personal
decidió contribuir con un pequeño porcentaje hasta for-
mar su sueldo y entregárselo. Pero hubo un obstáculo:
Menéndez no acepta el regalo o la reparación o como
quiera llamársele. Tampoco quiere hablar con nadie de
la oficina. Pobre tipo. Yo mismo me estoy reprochando
por no haberlo puesto sobre aviso desde ayer. . Pero na-
die podía imaginarse que su reacción fuera tan fulmi-
nante.


Fragmento de La Tregua de Mario Benedetti

5 comentarios:

marianabb dijo...

cada vez que veo "la tregua", me salteo esa parte, aunque en la pelìcula ,la broma la hacen con el prode, no lo soporto , es muy fuerte ,Walter Vidarte fue un gran actor , es impresionante la escena.
Fui a ver esa peli con el que dìas despues se convertirìa en mi novio , luego en mi marido y mucho despues mi ex marido.

Bruja dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
barilari y sus ratones paranoicos dijo...

este blog se está poniendo muy serio, mamasa.

taparoja dijo...

terrible!

Protervo dijo...

lindo, y yo que siempre lo tengo a menos, a benedetti.