miércoles, 4 de enero de 2012

Evita Montonera

Anoche soñé con mi amiga Eva. No la veía, nos mandábamos mensajes a través de un sistema rústico pero a la vez, innovador: ambas teníamos enfrente un papel grueso amarronado y con sombras en los extremos, como el del diario de Tom Riddle en Harry Potter. Yo escribía “Eva ¿cómo estás?” en alguna parte de la hoja, al azar y ella me respondía. Así la charla se extendía desordenada, ya que los recovecos para escribir se terminaban. Me gustaba eso de saber que estábamos frente al mismo papel, de conocernos la letra. No recuerdo la conversación, pero era algo gracioso, porque yo me reía y escribía “montonera, Eva ¡renuncie!”

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