domingo, 23 de agosto de 2009

Como gasto papeles recordándote

Yo te llevo, dice la Mojarra, como si te alcanzara a hasta la estación de Berazategui. Arranca con su relato y con lo puesto nos vamos todos para Cuba. Aparecen españoles y portugueses ¿Y esta gente? viene con nosotros. Pues sí, tía, que iremos contigo y con la argentina loca, responde una gallega que no para de abanicarse.
-Primero, Varadero.
-No, Varadero no. Es puro turismo, yo quiero conocer La Habana y la revolución y Fidel...
-La guía soy yo-me reta Mojarra-primero Varadero. Mirá que yo tampoco quería ir.
-Eso, tía. Escucha a la argentina loca, que allí nos conoció a nosotras.
Mojarra conserva eso del "querés ser mi amiga" de la niñez: ya tiene su grupo de compinches en Varadero. Con ellos me lleva a la playa y me cuentan del calor y de los mojitos. Como agua se bajan los mojitos. No queda otra, se excusan. La "Tu Cola" es fea y con las limonadas no alcanza.
A la noche hay show en el hotel y el grupo de turistas pegó onda con El Bailarín.
¿Quieren baile de verdad? desafía ágil y moreno. Nadie, nadie le puede decir que no. Así que, cuando todos se van a descansar para prepararse para otro día de playa, Mojarra y sus amigos aguardan escondidos en la parte trasera del hotel. Y otra vez me lleva.
El Bailarín nos guía hacia el corazón de Matanzas, los pastizales son altos de verdad y los mosquitos de la zona tiene dimensiones impensadas (directamente proporcionales al tamaño de sus picaduras).

El camino es largo, pero valió la pena llegamos a la parranda. Una joda de verdad, con cubanos verdaderos moviéndose sin parar. El ron se vende por vaso. Que quiero la botella, joder. La gallega está con el abanico en su máxima velocidad. El barman le ofrece un vaso. Que la botella. Que vaso. Que botella, hombre. El tire y afloje funciona, pero hay que pagar.
-Hagamos como dice la argentina loca,hombre.Una vaquita. Que dame diez euros, y tu también, y tú...
La gallega me mira
-tu no,que eres la invitada de la argentina loca.
Se arma la barra paralela, el grupo de turistas ebrios toma pero los cubanos se suman. El baile no para, nadie quiere irse, pero no se puede comprometer al Bailarín.
Otra vez pastos altos y mosquitos, pero todavía queda un resto de ritmo en los cuerpos y extendemos la parranda a capela y descalzos. La policía nos interrumpe. Derecho al hotel.
En la habitación, abajo de la almohada está la cartita de Davelys, cuenta que con la propina del día anterior va a poder hacerle la fiesta de quince a su hija: una comida con toda la familia. y agradece, agradece y agradece.
Todavía no amaneció, Mojarra y sus amigos piden comida en el bar del hotel. Son diez (bueno, me sumo, somos once) pero piden comida para veinte.
Otra vez a la playa. Atrás de un barco esperan El Bailarín y sus amigos, nuestros compañeros de parranda. Comen con gusto, disfrutan de los langostinos sin pelar. El calor sigue, se arma fogón sin fogata.
El Bailarín canta Alfonsina y el mar. El resto lo contemplamos. Nos cuenta de su vida. Fue miembro del Ballet Nacional de Cuba, pero en el hotel gana mejor.
-Salí veintisiete veces de Cuba, conocí todo el mundo- cuenta.
La pregunta está ahí, nadie la hace hasta que la hacen ¿y por qué no te fuiste?
-Porque nunca me iría de Cuba... te vas Alfonsina con tu soledad, que poemas nuevos fuiste a buscar.
En las fotos están todos. La Mojarra me dice que hay más, que tenemos que ir a La Habana todavía. Y yo no veo la hora.
Ella se muere por volver
y yo que nunca fui, también.

1 comentario:

Mojarrita dijo...

sabía que escribirías mi Cuba! GRACIASSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS
LLORO Y AGRADEZCO TENERLOS...PERO ME MUERO POR VOLVER. VAMOS ANAES!!!
TE QUIEROOOOOOOOO