martes, 17 de febrero de 2009

Otra Calle

Desde que tengo memoria, mi paseo preferido fue ir a caminar por Corrientes desde Callao hasta Libertad y meterme en las librerías.
Yo vivía en Floresta y el 5 nos dejaba bien, pero mi viejo insistía con ir en el 155 (hoy 180 "por 155"), al que había que esperar un buen rato.
No me acuerdo del nombre de muchas librerías, pero sí de Fausto. Había un bar chiquito al lado del San Martín, con una barra con bancos altos; lo recuerdo de color azul; una vez lo vimos ahí a Alfredo Alcón.
-Ese de rulos- me dijo mi viejo-es Alfredo Alcón. Es un actor muy importante.

Cuando llegábamos a una librería, me iba directo al sector infantil, y revolvía y leía. Pocas veces compraba algo, pero me acuerdo muy bien que en uno de esos paseos me regalaron "Mafalda 3", el primero que leí, y fue un viaje de ida. Y a los 14 años, más o menos, con mis ahorros me compré en Gandhi "Final del Juego". La profesora Sampelayo, con la que nunca hacíamos nada, nos había hecho leer el cuento en una clase. Y todavía tengo la imagen de Olinda con sus brazos abiertos hacia el tren, tal cual se me grabaron ese día. Me costó esperar hasta el fin de semana para leer un poco más de ese señor Cortázar. Algo me decía que iba a gustarme...

El broche de oro, el final del paseo, era comer una porción de pizza de parado en Güerrín. Creo que si no se me hubiera dado el don del gusto por la lectura, lo habría adquirido a la fuerza por este premio. Qué rico.
Gandhi y Güerrín allí están, por suerte. Pero Corrientes cambió , y sé que muchos pueden decirme que Corrientes cambió hace mucho, cuando vos ni sabías qué era un libro; esos que tuvieron discusiones interminables en La Paz. Pero creo que ni ellos imaginaron ver lo que pasa hoy: locales de ropa, de deportes, de electrodomésticos eclipsando a las dueñas legítimas de la calle. Algunas, a duras penas, se abren camino a codazos limpios entre los intrusos. Todavía estamos acá, parecen decir.

No es mi intención caer en la viejachotez de "Porque en mi época..." pero si caigo, caigo.

Y si quiero comprar ropa, me voy a un yopin o a Once.
Y si quiero una batidora, me queda acá nomás San Juan y Boedo.
Y mientras tanto, sigo haciendo mi recorrido habitual por Corrientes desde Callao hasta Libertad, metiéndome en lo que puedo, en lo que queda; porque ella nunca duerme, y si cabecea siempre la podemos sacudir un poco.

10 comentarios:

Ojaral dijo...

No sabe lo identificado que me siento. Yo también añoro la calle Corrientes de las librerías, y sufro cada vez que la recorro ahora y compruebo su decadencia. Y disculpe que la contradiga, pero Gandhi ya no existe. Lo que hay ahí es un triste remedo que usurpa el nombre de una librería gloriosa.
Saludos!

Ana María Brito dijo...

Hace poco estuve en Gandhi, era un dìa de mucho calor,y pense en entrar un rato a ver los libros,y difrutar el fresquito,ante mi sorpresa no habia refrigeraciòn, segùn me dijo un vendedor, estaba roto y nadie hablaba de arreglarlo.Igual estuve recorriendola un ratito me parecìa una ofensa irme, aunque el calor era insoportable, era como dejar de saludar a un amigo, porque cayo en desgracia.
A veces una se pone sentimental

Bruja dijo...

en Gandhi, mi ex esposo me regaló un disco de Buena Vista Social Club y me dijo "te amo" por primera vez.
en Gandhi me compré Cien años de soledad y mi Eternauta de colección.

Es mucho cariño que le tengo a ese lugar. No se enojen pero cuando cambian las ciudades es porque cambian las pautas de consumo, las rutinas de la gente.
Todo el mundo prefiere ir a Aroma cafe a comerse un sanguche enfundado en un plastico antes que unos churros en la Giralda. No jodamos esta mas ocupado Mc Donalds que Guerrin es mucho menos la gente que lee.
En el libro La Voluntad se nombra al cafe La Paz como un lugar de reunion de militantes y de intelectuales. Ahora es un pizza cafe triste y aburrido.
Somos nosotros, no es la ciudad, somos nosotros.

Ana María Brito dijo...

me pregunto que pasa con "soyelhijodeorfilda" experto en librerìas de Corrientes, y en La Giralda, que no sale en su defensa...

soyelhijodeorfilda dijo...

En "Raíces" (¿la recuerdan?) el gallero George, después de décadas de esclavitud, se reencuentra con su gran amor. En la intimidad, ella le advierte que el tiempo ha hecho lo suyo y ella ya no es la de entonces. Él le responde que antes y ahora ella es la misma porque él siempre la ha mirado con el alma.
Así es mi amor por Corrientes. Allí estarán siempre mis soledades esperanzadas en la pensión de Talcahuano, mis discusiones de trasnoche con César y, después, mi nieto trepado a un cajón de gaseosas para su "primera comunión": comer de parado una porción de muzzarella en Guerrín.
Cuando pienso en Corrientes comprendo que el verdadero amor no es perseverante, es obstinado.

Analía dijo...

Ayer fui a pasear por Corrientes y pareció a propósito: un pibe me vendió una revista de cuentos cortos y poesía " a voluntad", me agradeció mucho, me invitó a escribir; y mi hijo, como nunca antes (porque ahora sabe leer) se metió en todos los rincones infantiles de las librerías que visitamos, leyó todos los títulos de libros que le permitían sus ojos, hojeó muchos y hasta se animó a preguntar solito al librero "¿Tiene libros de Robin Jut?" (lo escribo como lo pronuncia, porque es muy gracioso escucharlo).
Será que esta obstinación vale la pena, que no cambiamos tanto o que sacamos la sortija y todavía podemos dar otra vuelta más (¡y sacar la sortija otra vez!)
Gracias a todos por sus comentarios.

Anónimo dijo...

Hemos compartido más de una de esas excursiones, yo las recuerdo bien: Vos ya eras grande y no mirabas los rincones de chicos, esos quedaban para mi, que desde ese lugar miraba con algo de admiración y otro poco de envidia cómo mi hermana mayor compartía ese amor con mi viejo... Yo aún no los comprendía, pero sin duda quería ser parte.
Hoy no como en Guerrín (o lo hago pocas veces) y muy esporádicamente visito las librerías, pero es lindo saber que cuando un domingo me sorprende con un puñal por la espalda estoy a 9 cuadras de Corrientes y Callao y a unas poquitas más de la Giralda, ese bar en el que me encontré más de una vez, el que comparto con el hombre más hermoso del mundo y con su novia, Juana.

Anónimo dijo...

Un comentario más!! Es verdad que nunca comprabamos nada, pero como olvidar los ahorros gastados en la Revista "Pecosa", porfa recordame algo! Yo sé que era española y que tenía historietas con diferentes personajes, el principal "Pecosa" claro, pero a mi me gustaba la que aparecía al final, Susana creo, una rubia, no?

Analía dijo...

Jajaja! Si! Susana se llamaba! era humorística, el resto de las historias eran re dramáticas; me acuerdo de "La Tragedia de Tricia".
también adquirimos ejemplares en Parque Rivadavia!

Ana María Brito dijo...

Me gusta pensar que tanto Analìa como Anònimo, heredaron el gusto por la lectura de su mamà, hasta "soyelhijodeorfilda" aprendiò el amor por los libros de ella, ahora las letras son parte de su vida.Aunque ella no disfrutaba de esos paseos ,padre -hijos, su esencia iba con ellos.